Ésta trágica historia comienza en una lejana aldea llamada Capital Federal donde la gente no sabia lo que era ser felíz. Muchos habían intentado serlo, incluso algunos necios afirmaban haberlo sido, pero en realidad sólo tenían un vago sentido de lo que significaba realmente. La gente del lugar jamás perdía sus esperanzas aunque en el fondo de su alma sabían que nunca iban a poder serlo.
En la aldea vivía un perturbado doctor al que todos temían. Rara vez se lo veía por el pueblo, y cuando lo hacía vestía un sobretodo negro y sombrero haciendo juego, la gente no se le acercaba y cuando él le dirigía la palabra, ellos respondían con voz baja y pasiva, entrecortada, casi inentendible. Vivía en un castillo alejado, en la colina más alta del poblado, donde incluso los valientes héroes de la ciudad, como D'Elía y Moyano, dudaban acercarse.
Cierto día, la bruja del pueblo, quien a nadie temía, acompañada de los dos héroes al castillo se dirigió para hablar con el obscuro doctor. Al entrar en la fortaleza, el olor nauseabundo del resina quemada atiborraba el lugar, las lúgubres pinturas de rostros deformes en las paredes intimidaban incluso a los valientes héroes, pero la bruja parecía no inmutarse ante tantos horrores.
Cuando llegaron finalmente a donde el doctor se encontraba, una risa estrepitosa se escuchó, cual hiena acechante de las sombras el doctor se asomó y quitándose el barbijo de su cara deformada dejo ver su sonrisa demoniaca.
El Doctor:
La bruja, sin demudarse, se acerco a él y quitándose el velo que la cubría dejó ver su maltratado rostro agrietado por las arrugas, su nariz deforme con asquerosas verrugas peludas, los dientes repugnantes y la piel aspera y verdosa.
Erguiendo su cabeza y sonriendo confiadamente el doctor dijo - ¡Síganme, no los voy a defraudar!- y soltó una carcajada que aterrorizaría al propio satanás, dio media vuelta y se dirigió hacia una escalera que subiría a paso firme pero sin prisa.
La bruja y los héroes; D'Elía y Moyano, siguieron al médico por la escalera, cuanto más subían más fuerte se hacia el olor a resina quemada, al final de la escalera se encontraba una maltratada puerta que daba a una habitación más escalofriante aún que el resto del castillo.
En el medio de la sala se encontraba una mesa de operaciones, junto a ella los instrumentos para cirugía mas extraños que la ciencia haya concebido jamas, las paredes manchadas de sangre dejaban en claro las atrocidades que ahí sucedían.
El tenebroso doctor invito a la bruja a tomar lugar en la mesa operatoria y ordeno a los héroes tener paciencia mientras realizaba el procedimiento. Cerro las cortinas que cubrían la mesa, así los héroes no podían enterarse que clase de procesos atroces llevaba a cabo.
Al son de los truenos y el viento la cortina bailaba una melodía macabra acompañada de la risa del doctor tan diabólica como exaltada que parecía llevar el tiempo de una sinfonía escrita por el propio puño del diablo.
De repente la macabra melodía cesó y el aullido de un lobo tomo como dueño el silencio de la noche. Cuando todo parecía haber terminado, el doctor accionó una palanca que abrió un pasaje en el techo y dejó ver una noche tormentosa, a la vez que la mesa operatoria se alzaba hacia el cielo nocturno. Permaneció ahí unos segundos hasta que la bruja fue alcanzada por un rayo y la risa demoniaca del doctor se volvió a escuchar tan estridente como terrorífica. Volvió a accionar la palanca y la mesa operatoria descendió nuevamente a su posición inicial.
Corriendo la cortina de la mesa el doctor dejo al descubierto el cuerpo de la bruja, y los héroes tan atónitos como valientes no podían creer lo que sus cansados ojos veían; la bruja, luego de un atróz proceso se había convertido en un bella mujer de nariz respingada y cabellos rojizos, su piel ya no estaba agrietada por arrugas; era tersa y suave, sus verrugas peludas habían desaparecido y el tono verdoso de su piel era ahora una agradable bronceado veraniego.
La bruja despertó de la operación como si de una doncella que había dormido cien años se tratase, se incorporo poco a poco de su reposo hasta quedar sentada en la mesa sin que sus pies lleguen al suelo, y al ver a los atónitos héroes se dirigió a ellos y les dijo; - Sorry chicos, pero quería sentirme linda, ahora llévenme al palacio a descansar que mañana mi agenda está llena, tengo que ir de compras a Dolce & Gabbana y pasar por lo de Ricky Sarkany a buscar unos zapatos que encargué - los héroes, todavía asombrados se acercaron a ella y alzándola en sus hombros la llevaron a su casona en el valle de los olivos donde la recostaron en su cama y descansó placidamente hasta el otro día...
¿Fin?...No, continúa después...¿Cuando?...No sé, cuando tenga más ganas de escribir.
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